. Quarter Rock Press - Su cicatriz en mí
 
 
   

Su cicatriz en mí

MARIANELA VANNUCCI - Locutora de Radio Rivadavia

(Twitter: soyemeve)

 

 

Agosto, ese mes que moviliza a todo aquel que en algún momento logró sentir el vacío que nos dejó ese 4 de septiembre de 2014. Qué mejor manera de unirme a la comunidad QUARTER ROCK PRESS que expresando este sentimiento que seguro comparto con miles de lectores. Recuerdo ese día como si fuese hoy, en ese entonces, trabajaba para una radio FM que se tiñó de negro. Los pasillos con luces bajas, esas caras de conmoción, esa pérdida de esperanza, ese shock emocional. ¿Quién no pensó que despertaba del coma y nos iba a contar en carne propia como era salir del abismo? Recuerdo que ese día, volviendo a mi casa, escuchaba "Me quedo aquí", esa letra me resonó en la cabeza todo el tiempo; intacta y de memoria como mi número de documento. Le dije a mis colegas con firmeza: "El que no vivió una vida llena de Gustavo, vivió una vida vacía".

Por allá por 2007, Coldplay tocaba en Argentina, en el Gran Rex. Un teatro chico para tal banda. Tenía 17 años, y me habían regalado la entrada por que no llegaba a comprarla. Llegué y me senté por la fila 7. Ahí estaba él. No pude ni hablar, estaba maravillada con su aura, con su presencia. Ni siquiera me saqué una foto o lo saludé. Algo de lo que me voy a arrepentir toda mi vida. Pero me bastó con tatuarme "Siempre es hoy" como reproche a ese error que cometí por una cobardía adolescente.

 

 

Gracias a un sentimiento de reivindicarme esos errores adolescentes, pude vivir cada uno de sus shows solistas, o la vuelta de soda. Esa voz dulce que alentaba al amor, ese amor sin límite al que nos invitaba siempre, ese “Creo en el amor porque nunca estoy satisfecho”, ese “Estoy detrás del corazón moviéndolo lentamente”. 

En los 70, su papa, Juan José Cerati, volvía de viaje y Gustavo y Lilian lo fueron a recibir. Juan José bajó con una guitarra eléctrica Gibson SG color marrón. Ese día, Gus durmió abrazado a ella. ¿Quien diría, que un par de años más tarde, nosotros dormiríamos escuchándolo a el, no?. ¿Quien diría que después de detectarle un cáncer terminal a este mismo padre, leerían los resultados de sus análisis en un té, que terminaría siendo la infinita "te para tres"? Llegan sus 57,  y desde la tierra o desde el cielo, el hizo de este mundo, un lugar increíble.

Te quedas acá, Gus.