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Amén y feliz Club de los 27

MARIANELA VANNUCCI - Locutora de Radio Rivadavia

(Twitter: @soyemeve)

 

Mientras revolvía mis vinyles de Janis Joplin que atesoro como si fueran mis hijos en mi departamento, me puse a pensar en ese exclusivo club que está tan pero tan dentro nuestro, que parece que corre como la sangre misma: El famoso e infinito Club de los 27.

Janis, la estudiante prodigio de la universidad de Austin. Ese apóstol indiscutido del movimiento hippie que empezaba a dar los primeros pasos por 1963. No sé si algún día se pusieron a pensar que militar en ese movimiento iba a influir hasta en la forma de vestirnos. Esa hermosa Janis , esa sufrida Janis.

La conocí cuando mis tres hermanas tenían un cuarto en la terraza de mi casa. Con posters hasta en el techo, infinidad de CDs llenos de polvo, vinilos y casetes que quedaron por generaciones. Se sentaban a escucharla, y a mí como toda hermana chiquita e hiperactiva, me sacaban por que me encantaba gritar, saltar y tocar (¿o romper?) todo. Pero me sentaba afuera, al costado, donde la ventana no daba. Escuchaban desde The Doors hasta esos antiguos Stones con Brian Jones. ¡Gracias a Dios me escondía ahí! ¿Qué hubiese sido de mí, si no me hubiese criado escuchándolos de fondo? Esas letras, las únicas que no quedaban almacenadas en redes sociales o teléfonos y quedan en ese costadito del cerebro, almacenadas por los siglos de los siglos.

Piensen que en los recitales de ellos, la gente no se distraía subiendo a Snapchat los acordes que más lo estremecían, que no filmaban y se perdían de disfrutar algo que íbamos a perder lamentablemente, tan temprano. ¡Todo eso, solo quedaba en nuestra retina!... Igual, siempre dicen, que lo bueno dura poco, no?

¿Que sería de nosotros sin una Janis Joplin? ¿Sin un Kurt Cobain? ¿Sin un Jim Morrison? ¿Sin nuestra eterna Amy Winehouse? ¡Sin un  Jimi Hendrix! Me pregunto muchas veces, cuando los vuelvo a escuchar por millonésima vez, si se podrían haber puesto a la altura de este reinventado y acelerado mundo. No podemos discutir que gracias a ellos, tenemos todo esto que atesoramos ahora. Esta melomanía que sufrimos felizmente algunos. En Argentina usamos la expresión de "Pasar el trapo" cuando alguien supera al otro. ¿Sienten que alguien los superó? ¿Que alguien "pasó el trapo"? Respecto a imagen, puede ser, respecto a avance tecnológico, sí. Pero en sentimiento no. Me pone la piel de gallina ver cómo animaron a cientos de miles a comenzar con una guitarra prestada en un garaje. Ver cómo están tatuados en la mente de cualquiera. Ver cómo mis sobrinos, de 10 años u 8 años, los tienen más grabados en la mente que cualquier lección de historia que le enseñen en la escuela.

Me faltan unos meses para cumplir 27, esto me puso a reflexionar sobre qué logros voy a dejar para la historia, qué marca voy a dejar como huella. Esto me hizo pensar en qué les pasaba por la cabeza a esta misma edad, antes de irse. Si pensaban que iban a dejar este legado, dejarnos a todos nosotros un denominador común: Escuchar un acorde y saber de qué estamos hablando. Y ni hablar de lo que nos provoca y a donde nos traslada. ¿Será que todo esto que nos genera no pudieron asimilarlo a tan corta edad?

 

 

Cabe señalar que aunque el primero en la lista fue Robert Johnson, el 'Abuelo del Rock & Roll', no siempre lo consideran en la lista.

"Sí, deseo ser famoso, pero no, no quiero llegar a los 30", repetía en más de una ocasión Brian Jones.

De acuerdo con el libro Heavier Than Heaven, cuando Cobain murió, su hermana contó que cuando era niño hablaba de que quería formar parte del Club de los 27. En 1994, se le concedió el deseo.​

Mucho después, Amy se unía al club. Alguien que no pensamos perder jamás. Por lo menos los que tenemos corta edad. Si bien su deterioro era notable, pero su voz estaba intacta. Yo creo que su pedido de atención más grande empezó después de la famosa 'Rehab'. Evidentemente, al igual que Jones y Kurt , nos estaba adelantando algo con su " They tried  to  make  me  go  to rehab ,  but  i  said , no, no, no".

Analicen estas frases, estas letras. Denle identidad a cada letra. Siéntanlas con cada fibra del cuerpo. Descubran qué querían decirnos y no nos dimos cuenta. Valoren lo que dejaron, no los dejen pasar desapercibidos. Agarren fuerte de la mano a quien tienen al lado cuando los escuchen. Canten a los gritos.

Ellos se fueron pero nos dejaron todo.

Amén.