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No nos entraba tanto amor

MARIANELA VANNUCCI - Fashion producer y Columnista

(Twitter: @soyemeve)

 

Esta semana se apoderó de mí en forma de melancolía, será el cansancio de fin de año, será el cambio de temperatura, serán los eclipses, será la energía de la última luna llena, será la unión con Urano, serán esos amores perdidos por miedo. No nos competen los eclipses ni el cambio de planetas. Nos compete la música. Entonces, vamos a hablar de esos amores que dejan melodías.

Me puse a pensar mientras pedaleaba mi bici qué canciones me habían dejado cada uno de mis amores a lo largo de mis 26 años, y me las acuerdo más que la regla de tres simple. Como toda Ariana, y como todo Vannucci, soy una tormenta de sentimientos que florecen sin importar la época del año. Si a la mezcla le agregamos una gran dosis de pasión, una pizca de frenesí, un cuarto de cariño y medio de anhelo al amor de antaño, creamos un volcán Vannucci.

Estos amores, que pudieron vivir esa mezcla, me dejaron plasmadas con cada momento una canción, ¡gracias a Dios! Si no nos dejan canciones y momentos lindos, viviríamos en un estado de melancolía y tristeza constante.

Es normal escuchar la canción que te unió y sonreírle al teléfono en plena calle. Es normal escuchar la canción del primer beso (si, las mujeres nos acordamos esas cosas) y que te paralice el mundo. Si, es normal.

En mi adolescencia me dejaron muchas piezas de Babasónicos, me acuerdo de escuchar Mareo: “febril en la caída, pregunto; ¿qué nos pasó?”, y ponerme de nickname las frases que me hacían acordar a ese fallido intento.

 

 

Ya en mi adultez, Foo Fighters con 'The Best Of You', me recordaba haber querido sacar lo mejor de alguien con toda mi fuerza y no lograrlo. O un Fito Páez, diciendo “ellos pueden más que el amor, y son más fuertes que el Olimpo”.

Un tanto amor de Massacre, que decía “no les entraba tanto amor”, me recordaba que el primer amor es el que te queda para toda la vida, y a esa edad, parece que necesitas millones de bancos para depositar todo el amor que te desborda el cuerpo.

Después, en un no fallido intento (no todos tienen que ser fallidos), uno de esos amores a los que solo el destino les juega una mala pasada, me hacía tararear durante meses y meses los burócratas del amor, también de Babasónicos, preguntándome “¿cuánto vale un rato más a tu lado? ¿Media hora? ¿Cuánto vale ese rato? Te doy todo, Hasta un día que me queda por vivir”.

Otros amores me dejaron bandas. Mumford And Sons, mi predilecta. Escuche lo que escuche, no puedo ni cruzar la calle pensando en otra cosa. Igual creo, que M&S siempre se destacó en esta materia tan reprobada por muchos que es el amor.

Yo siempre predico que hay muchas cosas igual de importantes que las relaciones amorosas, como por ejemplo el amor por uno mismo, el crecimiento profesional, la familia y las amistades. Pero pocas cosas, tienen tanto efecto dentro del cuerpo. La soledad, el egoísmo, el fracaso, la miseria, nos pueden dar un mensaje de aprendizaje, una lección. En cambio, el amor nos renueva, nos hace sentir más fuertes que el Olimpo, nos da vida, se convierte en el narcótico más sano de todos y queremos obviamente, más y más, ingiriendo casi como Popeye, para darnos fuerza para afrontar todo lo demás.

 

 

De toda esta fortaleza que nos da, también nos quita, y al quitarnos, nos deja papelitos por todos lados recordando lo que nos dejó. En este caso, las melodías.

No hay nada que me enoje más que las personas que tienen miedo a demostrar algo tan lúcido, tan puro y tan único. Al que le cuesta, le cuento que para facilitar ese camino de demostración de afecto, existe el atajo de la melodía, que nos dice a veces, mucho más que las palabras.

Hagan un pequeño flashback, revisen y escarben en su memoria, qué canciones, qué bandas, qué estrofas tienen escondidas en alguna parte remota del cerebro y que al activarse el primer acorde, nos encienden todo el cuerpo.

Canten todas a los gritos... Y amen, así, sin tilde.​