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Un año sin Lemmy Kilmister FOTOS: TOMADAS DE INTERNET

Un año sin Lemmy Kilmister

IVÁN NIEBLAS 'EL PATAS' - Periodista y locutor de Reactor 105.7 FM y Convoy

(Twitter: @ivannieblas)

 

No es de extrañar que la muerte de Ian Kilmister, alias Lemmy, alias Dios, ocurrida en diciembre de 2015, siga causando conmoción entre sus fans y aquellos que de una u otra forma se vieron tocados por su música y actitud ante la vida. De cierta manera, desde hace un año, aunque no lo parezca, se ha sentido un vacío en el mundo del Rock.

Simbólicamente su muerte fue el preámbulo de un implacable 2016 que nos arrebató a figuras gigantescas e importantísimas como David Bowie, Glenn Frey (Eagles), Prince, Leonard Cohen, Keith Emerson (ELP), Greg Lake (ELP), George Michael, Rick Parfitt (Status Quo), Leon Russell, Sharon Jones, Mose Allison, Pete Burns (Dead or Alive), Prince Buster, Scotty Moore (Elvis Presley), Bernie Worrell (Funkadelic/Talking Heads), Henry McCoullough (Paul McCartney), Maurice White (Earth, Wind & Fire), Billy Paul, Lalo Tex (Tex-Tex), Betsy Pecanins, Gato Barbieri, George Martin, Vanity, Paul Kantner (Jefferson Airplane), Signe Tole Anderson (Jefferson Airplane), Jimmy Bain (Dio) y lo que pueda arrancarnos la Parca en los pocos días del año que agoniza.

Tal pareciera que Lemmy emprendió la huida del mundo material y con él comenzarán a irse los pocos tipos auténticos que le quedan al mundo del Rock & Roll. El enorme hueco dejado por el líder de Motörhead, nos recuerda que tipos como él son ya una especie en extinción. En muy pocos personajes podemos encontrar esa verdadera estirpe de “rockstar”, aquellos a los que les importa muy poco o nada la opinión de los demás y cuya labor musical está motivada principalmente por el propio gusto de hacer música, esquivando la fama efímera y las ganancias multimillonarias fáciles.

Y para abonar aún más a su causa, sólo hubo en el mundo UN Lemmy. Nadie más se parece o se ha acercado siquiera a su mítica figura. Su propia personalidad, sus influencias musicales, su manera de concebir la música e inclusive su innovadora forma de tocar el bajo con distorsión se convirtieron en un sello único.

Motörhead, la banda que Lemmy fundó a mediados de los 70 después de ser despedido por los freaks psicodélicos Hawkwind, no solamente son una de las bandas pioneras del Heavy Metal junto con Black Sabbath, hoy en día es considerada como un género en sí misma. Si al momento de leer esas líneas los asalta la incredulidad, basta con buscar la descripción de alguna banda como Sodom, Venom , The Brains, Metallica, Entombed o King Gizzard entre cientos más donde podrán encontrar en repetidas ocasiones la palabra “motorheadesco”.

Lemmy se dedicó por completo al Rock & Roll. Fue testigo de su nacimiento y desde que fue llamado por su poder se fundió con él, en un momento en el que el Rock & Roll representaba lo mismo que una religión, las creencias y aspiraciones de una era, una forma de vida cuando buscábamos en los músicos las respuestas que irónicamente no tenían la intención de otorgarnos. Lemmy se convirtió en uno de sus representantes.

En esta época en que todo mundo cree que es especial, en la que todos se someten al escrutinio público en las redes sociales o buscan esta suerte de reconocimiento digital (likes, favs, views), creyendo que les otorga una cierta de superioridad o valía social automática, la figura de Lemmy y Motörhead siempre nos recordarán los tiempos en los que ser la oveja negra, el rechazado, la escoria, el outsider era un honor mucho mayor que ser aceptado por todo el mundo.

Los propios artistas y medios se muestran dóciles. Están temerosos de ofender a sus “clientes” o “fans” potenciales. Los individuos sui generis como Lemmy han desaparecido, es por ello que cuando muere uno más no es gratuito que se lamente su partida a niveles dramáticos. En el Rock & Roll no había reglas y las que había fueron quebrantadas una y otra vez.

Dudamos que alguna vez Motörhead ingrese al Salón de la Fama del Rock. Ese organismo ignora a los verdaderos impulsores del desarrollo del Rock porque son aquellos que desafiaron las convenciones, los tipos peligrosos, los valemadres, aquellos que no querían complacer a los medios, las disqueras ni al público mismo pues no les importaba si te agradaban o no.

Lemmy deja un legado musical de más de cuatro décadas. Muchas veces dijo que no estaba facultado para hacer otra cosa más que tocar Rock and Roll. Probablemente habría terminado haciendo algo ilegal. Pero no hubo necesidad. El Rock & Roll lo salvó y al mismo tiempo lo consumió hasta el último de sus días, pues sacrificó su vida entera por él.

Ese es el verdadero legado de Lemmy. Nunca estar satisfecho, nunca estar completo, dedicarse en cuerpo y alma a tu máxima pasión, hacerte uno con ella, no venderte a las tentaciones del mundo corporativo y vulgar de los “normales” y los farsantes religiosos, ser honesto contigo mismo, vivir la vida a tu modo porque es la única que tienes.

Libertad como único dogma con un poderoso soundtrack que resuene hasta el centro de la tierra.

BORN TO LOSE, LIVE TO WIN!

 

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