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La calidad de audio y nuestra percepción

JOE BORUNDA - Guitarrista de Hello Seahorse!
(Twitter: @joeborunda)

 

Recientemente me envió mi hermano un breve examen creado por la pagina de Radio Publica Estadounidense (NPR) para determinar si podía distinguir entre distintos tipos de calidad de audio. El examen consistía en escuchar la misma parte de una canción en tres tipos de calidad de audio distintos. De menor a mayor calidad los niveles consistían en mp3 de128 kbps, 320 kbps y wav (o calidad de CD). El examen se encuentra aún disponible en la pagina de NPR para los que les interese tomarlo. 

Arrojó resultados muy interesantes, y me hizo reflexionar en el estándar de calidad de audio que escuchamos las personas día a día, melómanos y no melómanos. Aunque no tengo ningún dato científico para corroborarlo, en mi opinión la calidad de audio que reconocemos consiste más en la experiencia propia que en el mismo significado técnico de calidad de audio. 

Ahondando un poco más en los tres niveles de calidad de audio presentados, la mayoría de nosotros estamos bien acostumbrados a escuchar los tres, muchas veces de forma indiferente. El mp3 de 128 kbps es probablemente el más popular de los tres. 

No hace tanto, para poder tener mayor de cantidad de canciones en nuestros dispositivos de reproducción musical, había que disminuir su calidad. Ahora ese problema se ha reducido bastante teniendo mucho más espacio en ellos. Por esta razón el mp3 de 320 kbps se está haciendo más popular con servicios de streaming como Deezer, que manejan esto como su estándar en sus servicios pagados. 

El formato para CD, sin embargo, sigue siendo significativamente mas pesado; lo que impide que muchos de nosotros guardemos música en éste. Aun así, existen servicios de streaming como el de Tidal en E.U. que justo en eso justifican el mayor costo en su servicio. 

Al tomar el examen yo mismo, encontré que continuamente elegía el archivo de mp3 de 320 kbps como el de mayor calidad. No era coincidencia que constantemente llegaba a la misma conclusión. En mi cerebro el archivo de mayor calidad de audio no era la calidad de CD. 

Reflexionando, llegué a la conclusión de que inconscientemente a lo largo de los últimos años he acostumbrado a mis oídos mucho s a escuchar archivos mp3 que CDs, o , llevándolo a una escala mas global cualquier otro formato, por ejemplo, vinyles. Quienes son amantes del vinyl constantemente dirán que es la mejor calidad de audio existente. Tratándose de una señal análogo en lugar de digital. También que el vinyl posee una calidez en el sonido que lo hace mucho mas musical.    

Todo lo anterior es cierto; claro, si tienes algunos miles de dólares para invertir en tu equipo de sonido y reproducir fielmente un vinyl. Pero me parece que más allá de eso, quienes crecieron escuchando vinyles han de haber sentido sus oídos y cerebros lastimados la primera vez que escucharon un CD. Tal vez era demasiada información. Alta fidelidad, decían las leyendas de los primeros CDs. 

Creo que ocurre algo similar en mi cerebro, aunque en mucho menor escala, y a la inversa. Aunque no ha sido mucho tiempo desde que el mp3 llegó a nuestras vidas, ya ha pasado el suficiente como para convertirse en el standard musical.  De tal forma que inclusive ni con la memoria del CD, éste ya no representa mayor calidad para mí. Ahora puedo escuchar la diferencia entre un archivo mp3 de128 kbps a uno 320 kbps. Con mucho trabajo, silencio alrededor y un buen par de audífonos (los del celular están descartados), es que puedo distinguir entre estos dos archivos. Pero como escuché alguna vez en una entrevista con David Byrne, ¿para quiénes estamos haciendo música ahora? (A escala mayoritaria refiriéndome). 

El grueso de la música pop de hoy esta tan comprimida que lo hace casi imposible distinguir entre calidad de audio en formatos. s aún, cuánta música no se escucha a través de las bocinas de una computadora, o mientras recorremos la ciudad en transporte publico. 

La música que escuchamos cumple la función de acompañarnos en cada momento de nuestras vidas. Cada día se me ocurren menos cosas que puedo hacer sin escuchar música. El costo de hacerla presente en todo momento es restarle atención y con ello a la calidad del audio que escuchamos. Aunque finalmente creo que el mejor audio que podemos percibir es el que dictan el tiempo y las circunstancias que nos rodean.