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Confesiones de una 'florecita rockera'

ANDREÍNA GONZÁLEZ - Columnista y music business

(Twitter: @ninagonzalez85)

 

 

Un día, mi vida me llevó por el camino de la música. Un camino un tanto raro recordando que soy mujer. Un camino aún más raro considerando que muy pocas son las personas que saben que canto y que en ocasiones también toco el piano. Para muchos, o para la mayoría, siempre mi chamba ha estado “tras bambalinas”. Así soy feliz y es algo, que a mis cortos años ya no pretendo cambiar.

Hablar de mujeres en la música, y más de mujeres que hacen lo que yo, no deja de ser a este momento, una “rara avis”. No, porque no podamos, pero si porque todavía hay mucha chamba que hacen los muchachos, pensando que se nos puede romper una uña o algo así al intentar manejar una consola, llevar a buen término la logística de una gira o hasta hacer un registro fotográfico adecuado para promover un determinado producto o actividad musical.

La verdad es otra cosa.

Recordando la escena de la que soy originaria, no éramos muchas en este asunto de la música. Nos podíamos contar con los dedos de las manos las que hacíamos cosas en Caracas. Solíamos conocernos como las “florecitas rockeras”. Acá en México hay un poco más, pero digamos que es un asunto de proporciones, igual no somos muchas.

Insisto: la verdad es otra cosa.

Trabajo en ambientes súper masculinos creo que desde el día uno y eso no me quita nada. No me hace ser la niña grosera que mi mamá todavía piensa que puedo llegar a ser, por influencia de terceros (siempre eximo de toda culpa a mis compañeros, yo me dañé solita), no me hace ser la “Yoko” de la partida (¡uff! Gracias a Dios, jeje) ni me hace ser más o menos que alguien más.

Por el contrario y aunque falte mucho para hablar de igualdad en ambientes como el que me muevo, pienso que me da muchas oportunidades para crecer, para valorarme y valorar mi trabajo e incluso para darme cuenta que siempre hay algo más allá de lo que tenemos ante nuestras narices. Somos seres complejos y además diferentes el uno del otro. Necesitamos entendernos y, no lo negaré, a veces en estas condiciones, también son cosas que llevan su tiempo, pero eso de entendernos en estos terrenos es un reto increíble que disfruto a cada segundo.

Ser mujer y trabajar para la música, no necesariamente significa que quiera ser como Madonna o Gwen Stefani, como les dije, nada frente a las cámaras, por favor. Yo para eso tengo a la radio, e igual prefiero que brillen mis invitados. No significa que soy la “groupie” de la banda de turno. Te podría sorprender diciendo que soy la manager de tu banda favorita. Ser mujer y trabajar para la música me permite hacer de mi día a día una experiencia única e irrepetible que me permite aprender cada día de diferentes funciones y maneras en las que puedo mejorar mis habilidades mientras tú disfrutas de la música en la comodidad de tu reproductor de preferencia.

Vivo una experiencia única. Una experiencia rara aún para la mayoría de las chicas. Una experiencia que me hace sentir orgullosa y una experiencia que agradezco a todas las personas que han confiado en mi para convertirla en parte de lo que soy. Ojalá pronto​ nos veamos más chicas y buenas chicas en esto. ¡Qué sean muchos más años y mucho más rock and roll para nosotras! ¡Salud!

 

Corona

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